Martes, 28 de octubre de este año. Llueve con ganas en Madrid. La Junta directiva de FEDECA espera, alrededor de las 13 horas, en lo que fue la antesala del antiguo despacho de los Presidentes del Gobierno de España hasta su traslado al complejo de la Moncloa en el Palacio de Villamejor, en el número 3 del Paseo de la Castellana. La Ministra de Administraciones Públicas, Elena Salgado, aparece casi puntual, escoltada por la Secretaria de Estado para la Administración Pública, Mercedes del Palacio, y la Directora General de Función Pública, Petra Fernández.

 La Ministra se expresa con toda claridad: la crisis económica ha obligado a posponer las reformas en materia de función pública. No es fácil interpretar si estas reformas son las que esperan los Cuerpos superior o son otras distintas.

 El Presidente de FEDECA, Gerardo Sánchez Revenga, pide un ámbito de negociación de los funcionarios de los Cuerpos Superiores, tras explicar los problemas que supuso nuestra participación en las últimas elecciones de representantes de las juntas de personal. Se exponen algunas situaciones especialmente sangrantes, como las de los técnicos de instituciones penitenciarias.

 La Ministra replica que se quiere mantener un contacto fluido con FEDECA, se habla de una “interlocución” genérica. La Ministra conoce todas las situaciones comentadas por Gerardo. Explica que está pendiente el desarrollo del directivo público y la evaluación del desempeño. Los sindicatos tradicionales (¿cómo financiarse en tiempos de crisis?) ofrecen toda la resistencia para que participemos en las mesas de negociación. A cambio el Ministerio considera inoportuna su participación en el desarrollo de la normativa del directivo público. Parece que se nos está diciendo que no tendremos esa participación en las mesas de negociación de la Administración Pública y que es el peaje a cambio de que los sindicatos no determinen el régimen aplicable a esa función directiva (¿lo vamos a determinar nosotros?).

 La reunión discurre en un tono amable y cordial, pero las discrepancias de fondo no dejan de aparecer. ¿Importa más el Cuerpo o el puesto que se desempeñe? ¿Por qué no va a ocupar un A2 un puesto directivo si es licenciado en lo que sea?

 Este relato intenta ser un resumen de una reunión real en la que se puso de manifiesto el matrimonio, no sé si llamarlo “mal avenido”, de “conveniencia” o con otros términos más expresivos, que conforman los Cuerpos superiores de la Administración y los dirigentes de ésta. Constituimos una pieza esencial para el funcionamiento de la Administración, pero ni mucho menos se nos concede lo que es habitual para nuestros equivalentes en el sector privado. Se nos ofrece “interlocución”, pero se nos niega que ésta tenga la eficacia que obtienen los tres principales sindicatos (CSIF, UGT y CCOO), mientras que a otros –en los que se incluye FEDECA-, que alcanzan una representación de más del 45 por 100 en las últimas elecciones, se les condena al ostracismo.

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